Luna llena, con un brillo impresionante, blanco nuclear, de plata, ilumina las nubes bajas desperdigadas, como manchas densas, como una malla a 500 metros de altura, iluminadas por esa luz que no dejan pasar y les confiere una personalidad, se convieren sin querer en cuerpos de luz, con sus pliegues y sus recovecos, sus complejidades que solo se ven si te fijas, por encima de ellas un espacio limpio, pareciese que no hubiera siquiera aire, hasta la luna, y habrá mas cosas tras de ella, pero mi mundo solo llega hasta ahí.
Ese momento, con la extraña y tensa quietud que tiene Madrid a las 3 de la mañana, siempre parece que algo va a ocurrir. Es la sinfónica de Viena a punto de empezar "O Fortuna", esa tensión de cuando cae un espejo, el tiempo que está en el aire, la eternidad...
Es un momento, es saborear ansioso de nuevas sensaciones un plato oriental exótico, o una empanadilla de queso mozarella con tomate al estilo italiano.
Es eso, es ver el fondo de los ojos de quien tienes cerca, o quien está lejos.
Es pedirle a la cajera del super el boli con el que acabas de firmar el papelito de la tarjeta, y que pinta estupendamente.
No creo que haya una razón o dos para aferrarse a la vida, ni siquiera 100, es la vida quien te regala esa luna, ese sabor, esa sensación...
Y las canciones!